Author: soneta

El cuerpo del dolor y la crema de remolacha (Primera parte)

Puedo leer esto una y mil veces, y aún así, a la mil y una, descubriré algo nuevo. «Tu dolor tiene dos niveles: el dolor que creas ahora y el dolor del pasado que aún vive en tu cuerpo y en tu mente. Este dolor acumulado es un campo de energía negativa que ocupa tu cuerpo y tu mente. Si lo consideras una entidad invisible por derecho propio, te acercas bastante a la verdad. Se trata del cuerpo-dolor emocional. Algunas personas viven casi totalmente a través de su cuerpo de dolor, mientras otras lo experimentan sólo en ciertas situaciones, como en las relaciones íntimas o en situaciones relacionadas con pérdidas o abandonos del pasado, dolores físicos o emocionales, etc. Cualquier cosa puede activarlo, pero resuena especialmente con los dolores del pasado. Cuando está preparado para despertar de su estado latente, un pensamiento o un comentario inocente hecho por alguien cercano a ti puede ser suficiente para activarlo. ROMPER LA IDENTIFICACIÓN CON EL CUERPO-DOLOR EL CUERPO-DOLOR NO QUIERE QUE LO OBSERVES DIRECTAMENTE y lo veas como …

Pez y luna. La mano que piensa.

Queridos pensamientos, estoy dibujando y no os voy a escuchar.

¡Voy a dibujar! Ains, no… Al dibujar me he dado cuenta de que yo misma me interpongo demasiado entre mi mano y el papel. ¿Qué ocurre cuando cojo un lápiz y un papel para dibujar? 1. ¿Qué coño dibujo? 2. ¿Por qué no consigo reflejar lo que tengo en mi cabeza en el papel? El resultado no se parece en nada a lo que tenía pensado. 3. Me falta técnica. No sé utilizar realmente los recursos. Ni de instrumentos, ni de perspectiva… 4. Me juzgo y me juzgo y me juzgo y no salgo bien parada de ese juicio. Vaya, que a priori, es un desastre. El dibujo como camino El dibujo es otro de los métodos zen para llegar a la iluminación. El alumno ha de imitar al maestro en todo. Dibujar es una ceremonia en la que no solo es importante el acto de dibujar sino toda la parafernalia: la mesa de dibujo, las herramientas, su disposición y la actitud ante el lienzo. El alumno sigue al maestro y repite una y otra …

Tú elegiste a tus padres. La mano que piensa.

Responsabilidad

Me está costando horrores volver a escribir. Desde octubre de 2015 he pasado por aquí para escribir borradores e irme sin publicar nada. Hoy regreso. Con cambio de tono, con lo que haya, con lo que salga. Hay ciertas cosas de las terapias alternativas, de las enseñanzas que te encuentras en el camino… que me sacan de quicio. Una de las que más me fastidian es cuando me dicen seriamente: «Fuiste tú misma quien eligió quiénes serían tus padres. Lo hiciste porque tenías que pasar por lo que has pasado.» Sí. Mis padres ha habido momentos en que me lo han puesto difícil. Y durante años estuve muy enfadada con ellos. A día de hoy sé que el camino ha merecido la pena. Sé que ellos hacían lo que podían y que, al igual que yo, también pasaron sus problemas con sus padres. Estoy agradecida. Es así. Pero no me digáis que los elegí yo. ¿Existía yo antes de nacer? ¿Existiré después? No lo sé. Lo dudo mucho. Pero da igual, ese no es el …

Existe un arte de escuchar

Para escuchar de veras, habría que abandonar o rechazar todos los prejuicios, concepciones previas y formas cotidianas de vivir. Cuando os halláis en un estado mental receptivo, las cosas pueden comprenderse con facilidad; cuando vuestra verdadera atención está puesta en algo, escucháis. Pero desgraciadamente, la mayoría de nosotros escucha a través de un filtro de resistencia. Todo lo filtramos a través de nuestros propios prejuicios religiosos o espirituales, psicológicos o científicos; así como de nuestros cotidianos deseos, preocupaciones y temores. Todo lo escuchamos a través del filtro. De ahí que en realidad solo escuchemos nuestro propio ruido, nuestro propio sonido, no lo que se dice. Es en extremo difícil rechazar nuestra educación, nuestros prejuicios, nuestras inclinaciones, nuestra resistencia, e ir más allá de la expresión verbal, escuchar de modo tal que comprendamos al instante. «La libertad primera y última» – Krishnamurti   Escuchar y sentir qué ocurre dentro mío. ¿Estoy «espontáneamente» a favor o en contra de lo que se dice? ¿Cómo reacciona mi cuerpo? ¿Qué sentimientos surgen hacia quien me habla? ¿Me siento herido? …

La incertidumbre

Una habitación tranquila, luz tenue. Una esterilla, una manta o una alfombra donde tumbarme. Postura de savasana. Respiro tranquilamente. Noto cómo el aire entra y sale de mi cuerpo. Sin modificar la respiración. Noto el peso de mi cuerpo. La tierra lo sujeta. No hay ningún sitio al que ir. Nadie a quien complacer. Nada que esperar. Me abandono. La respiración se produce por si misma. No hace falta que haga nada. Todo ocurre por sí solo y la tierra siempre me sostiene. Con cada espiración mi cuerpo se relaja más y noto su peso, que ya no sostengo yo sino la tierra. Siempre estará ahí para recogerme. No me hace falta nada. Me mantengo consciente. Relajado y consciente de mi cuerpo. Para salir, hago unas cuantas respiraciones profundas. Comienzo a mover los dedos de los pies y de las manos suavemente. Me muevo como me pida el cuerpo, estirándome, bostezando… Y me doy gracias por haberme permitido este momento.

El «no» (un infierno de adultos)

Si el «no» puede llegar a ser un juego cuando se es niño, al llegar a adultos se puede convertir en un infierno. El «no» marca el límite de nuestras expectativas. Teníamos delante nuestro un campo inmenso en el que nos veíamos correteando, brincando y riendo bajo el sol y de pronto aparece un muro gris que nos impide seguir adelante. Dependiendo de lo que hayamos aprendido a lo largo de la vida, un «no» nos hará reaccionar con enfado, tristeza… o con aceptación. Esto sería lo ideal. Aceptar el «no» y seguir adelante. Tal vez haya una pequeña puerta en el muro. Tal vez, si conseguimos ampliar nuestra visión, si no nos empeñamos en llegar al otro lado de ese muro, descubramos otro campo en el que seguir jugando. Generalmente nos enseñan que debemos fijarnos objetivos y caminar hacia ellos sin distraernos. Poner todo de nuestra parte para que lo que nos hemos propuesto se cumpla. Pasar por encima de todo con tal de llegar a nuestra meta. No apartar la mirada de ella …

El «no» (un juego de niños)

Cuando mis sobrinos aprendieron a decir «sí» y «no», vi que ocurrían cosas extrañas. Se decantaban claramente por el «no». Incluso en situaciones en las que el sí era mucho más goloso para ellos. No conseguía comprenderlo y me paré a ver qué ocurre cuando se dice sí y cuando se dice no. Dejando a un lado el tema de la autoafirmación y el aprendizaje de la oposición a los padres o profesores. Para un niño, el sí es rotundo. Cuando dice «sí», sabe perfectamente qué va a pasar. En cambio el «no», es un juego. Nunca sabe qué ocurrirá. ¿Aceptarán su negativa? ¿Le obligarán a que sea un sí? ¿Comenzará una fase de diálogo en la que podrá obtener algo extra si cambia de opinión? Es mucho más interesante un no. ¿No estás de acuerdo?