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Magia

El niño pidió un juego de magia a los Reyes Magos. Los Reyes Magos se lo trajeron. Qué tristeza al abrirlo y descubrir un libro de trucos. La magia no existe. Todo es mentira.

Los Magos viven la magia. Algunos son muy generosos. Podrían quedarse ahí, disfrutando de ella. Pero deciden compartirla, intentan transmitirla. Con buena intención y el mayor de los esfuerzos, escriben su libro de trucos. Frases y estilos de vida que nos llevarán a la tierra prometida.

Y ahí estamos los demás, siguiendo instrucciones, cada vez más ciegos y más sordos, desengaño tras desengaño. La magia no existe. Todo es mentira.

Siempre se nos olvida que somos hijos de los Reyes Magos.

 

Out of control: aceptación y confianza

¿Me convertiré en una persona fría si medito?

Recuerdo que hace años, cuando comenzaba a interesarme por la meditación, sentía un gran rechazo hacia la idea de perder la capacidad de sentir. Normalmente las personas que nos acercamos a la meditación (en el mundo occidental) lo hacemos porque no nos queda más remedio. Por entonces, necesitaba algo que me ayudara a dejar de sentir dolor. De ahí venía la confusión. Pensaba que madurar, crecer, estar bien… pasaba por saber controlar/me y que la meditación sería una buena herramienta. Sin duda, lo es, aunque no en la manera que pensaba. Aceptación y confianza no entraban en mis planes.

Los budistas (y las personas que meditan en general, a partir de ahora «budistas» aunque no todas lo sean), sienten.

Sienten con todo su corazón, con todo el alma, a tope y como cualquier hijo de vecino.
Hay numerosos cuentos budistas sobre discípulos que se sorprenden al ver a su maestro llorar desconsoladamente. El buen humor y la risa fácil de los maestros son conocidos por todos. Pero, ¿las lágrimas? ¿No están iluminados los maestros? ¿No pertenece el llanto a la oscuridad? Sí y no, respectivamente. La respuesta del maestro ante la estupefacción de sus discípulos suele ser algo así como: «¿Estáis tontos? Siento alegría: río. Siento tristeza: lloro.»

Oh, sí, los budistas sienten.

Oh, sí, los budistas sienten. (Y no ha venido John el Rojo a visitarme)

Vaya chasco, carrasco. ¡Yo que creía que meditando mis males desaparecerían y la vida sería una continua sonrisa controlada! Va a ser que no.

El truco secreto: aceptar y confiar

Out of control

Ok, no voy a dejar de sentir. Ahora, ¿a cuento de qué viene este vídeo tan chungo?
Viene muy al caso. La meditación es una cosa muy loca que rompe nuestros esquemas y nos hace libres (algo realmente peligroso, ¿verdad?).
La meditación va directa a nuestro punto débil, al origen de todas nuestras desgracias: la necesidad de control. 

No quiero que las cosas sean así. Rechazo, exijo, me aferro. Cojo la vida y la manipulo para que sea lo que yo quiero que sea. Y si no encaja en mis planes, si no cumple mis expectativas, si las cosas no son como deberían ser, me tiro al suelo y pataleo (a veces metafóricamente, otras como un niño en un supermercado). Soy la desgracia personificada. ¡Quiero el control sobre mi y sobre mi vida! Lo he hecho todo para que sea así y es lo que me merezco.

Aceptando lo que es. ¿Resignación?

Llegas a la meditación y alguien te dice: párate a mirar lo que es. Deja a un lado lo que quieres que sea. Mira lo que es. Respira y observa. Y tú respondes: «Ya he mirado y es un mierda. Yo no quiero esto.»
Sigue respirando, sigue mirando. Acepta lo que es. Ríe, llora, enfádate, desespérate, salta, escóndete debajo de la manta, sube a la montaña… Siente, siéntelo todo. No va a dejar de ser como es porque tú quieras. Así que siente, respira, acepta y ahora, ríndete.

Y te sientes tan mal, necesitas tanto un cambio, que aceptas. Pero normalmente es mentira. Lo que haces es apretar los dientes y seguir adelante. Te conviertes en un guerrero que perdió la batalla pero quiere conservar la dignidad. O en una pobre víctima de gran corazón que se ha rendido ante una vida cruel. Sonríes porque no queda otra, porque es lo que hay que hacer.

Confianza: and I’m feeling good.

Te sientas a respirar y a sentir tu tristeza en el alma, tu pequeña frustración, tu vanidad, tu satisfacción… lo que toque. Hay días en que ocurren cosas, otros que no, pero siempre, al cabo de un tiempo, se han producido cambios. Lo bueno de la meditación, cuando se convierte en costumbre, es que enseña a pesar tuyo. 

Ahí estás, sintiendo y abandonando las ganas de controlar. Es como estar en una habitación que no te gusta para nada. Pero es donde te ha tocado estar. Así que te sientas a mirar qué hay en ella. Ese cuadro tan feo, ese gotelé maldito, la ventana estrecha por la que apenas entra luz… Cuando llevas ya un tiempo, descubres unos lápices en un cajón. Nunca te había interesado demasiado y considerabas que se te daba mal, pero te pones a dibujar. Cambias la disposición de la mesa, sacudes los cojines… Vaya, lo mismo no se está tan mal aquí.  ¿Dónde? ¿Qué ha pasado con las cuatro paredes?

(La habitación no tiene por qué ser una circunstancia sino un sentimiento…)

Así ocurre una y otra vez. Encuentras habitaciones preciosas que se convierten en la casa del terror. Otras feas desde el minuto uno. Algunas en las que te quedarías toda la vida, también se esfuman. Un poco de todo. En cada una, al respirar y sentir, encuentras algo de valor. Sientes igualmente, a tope, sin límites. Pero le vas cogiendo el truco a la aceptación y se va transformando en otra cosa. Comienza a haber una sonrisa constante en tu corazón: la confianza.

CONTROL-ACEPTACIÓN-CONFIANZA

La confianza deja de consistir en que la vida, o el otro, no te falle. Confías porque nadie ni nada va a fallar. Simplemente, será.

(Letra completa)

 

 

alicia en el país de las maravillas

¿Podrías decirme, por favor, qué camino debo seguir para salir de aquí?

A veces me quedo atascada en un por qué.

Una acción de otra persona, o mía propia, me puede dejar días pensando en bucle: por qué por qué por qué. Como una canción pegadiza.

A pesar de mis esfuerzos por no suponer, la necesidad de saber qué ha habido detrás, me puede. Y por experiencia diré que un ¿por qué?, no suele llevar a ninguna parte. Bloqueo total.

Dándole vueltas a este «por qué» incesante, de pronto me he visto como «Alicia en el País de las Maravillas».

Igual que Alicia, buscando respuestas sensatas en un mundo de locos. He preguntado al oráculo sobre esto. Me ha respondido con un artículo que me ha dado la solución perfecta, poniendo como ejemplo la conversación de Alicia con el gato. Esto sí que es una maravilla.

Prueba a preguntarte más a menudo “¿cómo?” o “¿para qué?” en vez de “¿por qué?” y hallarás respuestas más útiles, te conocerás mejor y tomarás mejores decisiones. El por qué nos lleva hacia el razonamiento lógico, a hablarnos desde la mente consciente, lógica, estructurada y eso nos impide ver nuestra situación de manera global, teniendo en cuenta todas las variables. El ser humano tiende a dar razones lógicas a decisiones y acciones que toma desde el inconsciente, desde las emociones. Por ello siempre será más útil saber “cómo” que “por qué”.
(Fuente, de la que no me responsabilizo en absoluto: http://www.boycehypnosis.com/Alicia_gatoCheshire.aspx)

Pero, ¿cuál es la auténtica diferencia entre por qué y para qué?

El “por qué” satisface tu mente. El “para qué” llena tu corazón.
El por qué se refiere a la justificación, la razón. Apunta al pasado.
Mientras que el para qué apunta al futuro y despierta la creación de significados.
(Fuente, de la que no me responsabilizo en absoluto: http://pasionenaccion.com/la_diferencia_e)

El «para qué» es un impulso que, bien complementado por un «cómo», nos pone en marcha. Preguntarse «para qué» y «cómo» siempre nos llevará a mejor puerto que un «por qué».

¡Suerte de Google y de todas las personas que comparten sus descubrimientos!
(Ilustración de Alicia en el País de las Maravillas, original de Sir John Tenniel)

Una manera efectiva de estar en el presente (o soltar la patata caliente)

Todos estos textos sobre ser positivo, estar en contacto con la naturaleza, perdonar, dar las gracias, amar… está muy bien. Es estupendo. Muy bonito todo. Pero cuando estás jodido, estás jodido y que no te vengan con historias. Encima te sientes culpable por no ser capaz de cambiar el enfoque.

Siempre es mucho mejor la acción. Hay algo que a mi me está funcionando muy bien últimamente. Es muy efectivo.
Primero ofrezco la explicación que me dieron en su momento:
Se trata de una meditación para equilibrar nuestros canales energéticos:

  • El canal del lado izquierdo del cuerpo es el del pasado, el de las falsas creencias, los bloqueos respecto a las decisiones tomadas y lo ya vivido, el de las emociones no digeridas, los sentimientos no asimilados… Y por pasado se entiende todo lo ocurrido hasta el momento de sentarse a hacer esta meditación. Hasta la última frase que hayas escuchado, la última emoción sentida un segundo atrás.
  • El canal del lado derecho del cuerpo es el del futuro, el de los proyectos por realizar, el de las fantasías futuras, el de los planes, el del control del qué pasará, el del miedo a que lo que sea no sea como yo quiero…
  • El canal central es el bueno bueno. Es el del presente. Lugar en el que deberíamos mantenernos a cada instante. Bien centraditos.

Pues bien, tenemos estos tres canales. Puedes imaginarlos recorriendo tu cuerpo de abajo a arriba, desde los genitales hasta la coronilla. Dejo aquí una imagen que ayudará a visualizar el tema en la meditación.

Si conseguimos equilibrar estos tres canales, estaremos mucho más felices. Garantizado.
Sí, sé que me estoy alargando y que hay que pasar a la acción, pero sigue adelante, que ya llega lo bueno.

Para mi, se trata de quitarme de la espalda la eterna mochila que llevo (o llevaba porque esto es muy efectivo) a cuestas con mi pasado y de lanzar al viento todas las ideas de futuro que me vienen y que hacen que no esté presente en el presente, perdiéndome.

¿Cómo hacemos para liberarnos? Fácil.

Conseguimos un estado de quietud.
Nos sentamos en un lugar tranquilo y cómodo. Puede ser en una silla o en el suelo. La espalda recta. Los hombros haciendo que el pecho esté abierto. Los pies en la tierra, la coronilla como si quisiera tocar el cielo, la barbilla un poquito hacia el esternón. Actitud relajada pero atenta y abierta: apertura y claridad (es bueno quedarse con estas dos palabras). Los ojos pueden estar cerrados o con mirada relajada. Las manos sobre los muslos.
Respiramos normalmente y simplemente ponemos atención en nuestra respiración. Nos fijamos en cómo el aire entra y sale sin que sea necesario que hagamos nada. Notamos el aire que entra y sale por nuestras fosas nasales.

Dejamos todo nuestro pasado hasta el momento presente en la Tierra.
Cuando ya hemos entrado un poquito en un estado de quietud, colocamos la mano derecha en el suelo, o en el reposabrazos de la silla, o en el asiento… Se trata de conseguir una toma a tierra. Mantenemos la mano izquierda sobre el muslo, con la palma mirando hacia arriba. Como en la imagen:

 

Le pedimos a la Tierra que recoja todas nuestras experiencias pasadas y que desbloquee nuestro canal izquierdo, nuestro canal del pasado. Para mi, esto es como quitarme una enorme mochila en la que llevo almacenado todo: alegrías, tristezas, éxitos, bloqueos, miedos, creencias… Todo lo que he ido aprendiendo y acumulando hasta el momento presente. Es todo lo que he digerido, mejor o peor, y deja de ser mío. A partir de ese momento todo esto pertenece a la Tierra. Es como cuando abonamos la tierra en el campo. Lo hemos digerido y lo expulsamos. Ya no nos pertenece y será la tierra quien se encargará de ello a partir de ahora. Y no solo eso, tenemos la confianza que algo bueno hará con ello. Si es capaz de convertir el excremento de caballo en maravillosas flores, por mucha mierda que le echemos, bien estará.
Estamos así un ratito, el que consideremos, enviando a través de la mano derecha toda esa información a la tierra. Si hay algo que nos preocupa especialmente del pasado, podemos confiárselo con todo el cariño. Y entonces le damos las gracias y pasamos al otro lado.

Dejamos todo nuestro futuro en manos del Éter.
Volvemos a colocar la mano derecha sobre el muslo, con la palma hacia arriba y ahora levantamos la mano izquierda como muestra la imagen.

Le pedimos al aire que nos rodea, al Éter, que se lleve nuestro exceso de pensamientos. Dejamos toda nuestra carga futura en él. Nuestros planes, nuestro control de las situaciones… Lo dejamos todo a ese fluido que nos envuelve, lo dejamos todo en el aire. Confiando en que volverá lo que tenga que volver, que se transformará en lo que se tenga que transformar, y, sobre todo, sabiendo que estando en el presente, tomaremos las mejores decisiones. Podremos ver oportunidades en las que jamás habíamos pensado. Tendremos claridad.
Es como si nuestra mano izquierda fuera una antena emisora a través de la cual nos vamos desprendiendo de todos nuestros pensamientos sobre el futuro.
De nuevo, agradecemos al éter que recoja toda esta información.

Ahora estamos ligeros de carga. Lo que nos ocurre, ocurre en la Tierra y estos hechos le pertenecen a ella. Dejemos de ser tan protagonistas de nuestra propia historia. O por lo menos vivámosla momento a momento, dejando el pasado y el futuro donde pertenecen.

Terminamos con las dos manos sobre los muslos, dando gracias  y dándonos gracias por habernos dado ese momento. (Es de bien nacidos ser agradecidos y es un gustazo poder soltarlo todo y que la madre tierra y el éter queden al cargo)

Caparazón

Caparazón

«Detrás de toda defensa hay miedo a ser heridos. Cuanto más robusta la defensa y más gruesa la coraza, mayor es la sensibilidad y el miedo. Ocurre lo mismo entre los animales: si a un crustáceo le quitamos el caparazón, encontraremos una criatura blanda y vulnerable. Las personas aparentemente más ariscas son en realidad las más sensibles. De todos modos, el afán de proteger el alma con una coraza encierra un cierto patetismo.

Porque, si bien la coraza protege de las heridas, también impide el acceso al amor y la ternura. El amor exige apertura, pero entonces la defensa queda comprometida. El caparazón aparta al alma del río de la vida y la oprime, y la angustia crece. Es cada vez más difícil sustraerse a este círculo vicioso. Más tarde o más temprano, el ser humano tendrá que resignarse a recibir la temida herida, para descubrir que el alma no sucumbe, ni mucho menos. Hay que hacerse vulnerable, para comprobar la propia resistencia.

Este paso se produce sólo bajo presión externa, aplicada ya por el destino ya por la psicoterapia.»

La enfermedad como camino – Thorwald Dethelefsen, Dahlke Rudiger

Uluru

El tiempo de los sueños

Hay días que son así.
Días de no-hacer, de ritmo lento, de dormitar, de ensoñar.
(Vaya, que hace un calor demoledor)

El tiempo de los sueños.
Esto es algo que encontré por casualidad. Navegando un día de sueños.
El tiempo de los sueños es la manera en que los aborígenes australianos explican la creación del mundo.

El Gran Espíritu sueña con el aire, el fuego y la lluvia. Y en el sueño aparecieron el mundo, el cielo, la tierra y el mar.

Parece que el aburrimiento es un buen aliado. El Gran Espíritu necesitaba meter algo de acción en su sueño: decidió soñar con la vida y los Espíritus Creadores. Soñó con un pez al que le dio el secreto de soñar. Este es el comienzo del sabio arte de delegar, que siempre ha de empezar transmitiendo el secreto.

Este pez vio en sus sueños las olas y el mar, pero pronto llegó a la conclusión de que esto no era lo suyo. No entendía nada y decidió transmitir su secreto a la tortuga.
La tortuga no tuvo más suerte: soñaba con rocas y sol. Hay secretos que es mejor dejar ir. Así hizo la tortuga y compartió el secreto de los sueños con el lagarto.
El lagarto andaba bastante satisfecho sintiendo el sol en su espalda y soñar con el viento y el cielo supuso un quebradero de cabeza. Le dio su oportunidad al águila.
El águila soñó con árboles y cielo nocturno, queriendo solo cielo abierto y viento. Pensó en la zarigüeya.
La zarigüeya, feliz en la frondosidad de la noche, comenzó a ver en sueños grandes extensiones de tierra amarilla. No entendía nada. Le pasó el secreto de los sueños al canguro.
El canguro soñó con música, cantos y risas. Y no entendió nada.

Así es como llegó el secreto de los sueños a los hombres. Soñaron todos los sueños: viento, olas, llanuras, árboles, cantos, risas…

Los hombres comprendieron los sueños y los transmitieron a sus hijos. El Gran Espíritu pudo descansar.

(Foto de la montaña Uluru, lugar donde descansa el Gran Espíritu. Por: http://beautifulplacestovisit.com/mountains/uluru)

Corazón libre

El corazón libre

Mi corazón siente sin más y no lo puede evitar.
Mi corazón tiene un jefe terrible: mi cabeza.
Mi cabeza organiza, juzga, esconde, disfraza, aprueba o rechaza  a mi corazón.
Mi corazón y mi cabeza no se llevan bien. Cada día surge un conflicto.
Mis vísceras se estremecen y llaman al orden. Son la voz de alerta: esto no puede seguir así.

Mi cabeza se ha llenado de ideas, creencias, proyectos.
Se ha hecho con el poder y se le ha subido a la cabeza.
Ha sido necesario intervenir:
Meter la cabeza en el corazón. (Te quiero cabecita mía y te limpiaré cada día.)
Poner el corazón en la cabeza. (Corazón, eres libre para sentir lo que quieras.)

Y hacerlo todo de corazón.